viernes, 11 de junio de 2010

Carpe diem.

Sonó el teléfono y mis padres se asustaron. ¡Qué raro que llamaran a las cinco de la mañana! Tras que se les pasara el susto, enseguida supieron a qué se debía. Y es que mi tío Antonio, el hermano menor de mi madre, tenía cáncer de páncreas.

Carmen, mi hermana gemela, se despertó al mismo tiempo que yo. Salté de mi cama y me vestí rápidamente. Me miró y encendió la luz. Se puso a llorar en silencio mientras yo me peinaba. No podía ser verdad que Antoñín hubiera muerto. La consolé hasta que calló un poco a su llanto.

-¿A dónde vas?-preguntó con voz rota.

-¿Donde crees?-le contesté insegura. No había otro lugar al que quisiera ir, tenía que verlo, estar segura de que esto era una pesadilla, que seguía respirando.

-Carla, espera que te acompaño-sugirió cuando me disponía a salir de la habitación. Se vistió lo más rápido que pudimos y nos escapamos de casa en mitad del llanto de Fernando y Alicia,nuestros dos hermanos pequeños.

Corrimos hasta el hospital con la compañía de una fina lluvia. No teníamos tiempo que perder, necesitábamos saberlo ya, no podíamos esperar.

Entramos en el hospital y miles de recuerdos nos invadieron como una lluvia ácida. Habíamos venido a visitarlo todas las tardes con la promesa de que se pondría bien. Nos miramos y observamos a todos los que estaban en la sala principal. Corrimos para coger el ascensor, no había ninguno libre. Subimos las escaleras en medio minuto. En la cuarta planta estaba su habitación, buscamos a la enfermera de guardia que estaría seguramente dormida en la mesa que había en el pasillo. Estaba hojeando una revista, levantó la vista y nos miró.

-Hola chicas, ¿a qué venís a estas horas?-preguntó Marta. Se levantó y nos miró neutralmente.

-Venimos a verle-respondió Carmen tiritando. No nos habíamos dado cuenta del frío que teníamos con la prisa que llevábamos.

-No podéis, no...todavía-contestó mostrando un pequeño signo de tristeza.

-Por favor-le suplicamos las dos a la vez.-Necesitamos despedirnos de él las primeras ...

-Está bien, pero en diez minutos os quiero fuera-nos sugirió.

Fuimos hasta la habitación con ella y le dimos las gracias. Los monitores estaban apagados y él tumbado en la cama con los ojos y la boca cerrados. Rompimos a llorar y nos sentamos a su lado en la cama. Apenas tenía treinta años...

Le toqué la mano y lo miré observando cada detalle de su cara. No quería olvidarlo con el tiempo, como hice con los abuelos. Recordé cuando empezó con la quimioterapia, se le veía tan fuerte y alegre.

-Carlita, tienes que hacerme un favor a partir de hoy...-dijo sentado a mi lado. Me quedé callada esperando a que siguiera hablando y me abrazó.-Vive el momento, nunca tengas miedo de hacer algo, porque tú puedes conseguirlo. ¿Está claro?Yo me estoy arrepintiendo de no haber hecho muchas cosas-dijo con un suspiro.

-Vale, pero a cambio quiero que superes el cáncer. Tengo que volver a irme contigo a una discoteca-le sonreí débilmente.

Miré a Carmen, lo estaba mirando de la misma manera que yo. Queriendo que el tiempo no borrase lo que tenía guardado de él.

Fue él quien me enseñó que la vida no es algo serio, es un juego. En el que algunos pierden y otros ganan, es una apuesta que todos hacemos obligados. Tarde o temprano nosotras también moriremos.

El asunto es, que tenemos tan cerca a la muerte y tan presente en nuestras vidas que nos habituamos a ella y dejamos de pensar en ello. Hasta que no viene a visitarnos no escarmentamos.

Pasaron los diez minutos y la enfermera no nos avisó. Llegaron dos enfermeros y se lo llevaron mientras los mirábamos llorando sin parar. Abrí la mesilla y encontré una carta para Carmen y para mí ..

Mis queridas sobrinas,
si leeis esto es que ya la he palmado.
Voy a saber lo que hay detrás de la muerte,
¡way!Pero lo que más me duele
es que os dejaré aquí.
Pero esto es lo que debe ocurrir,
vosotras tenéis muchas cosas por vivir
aunque me gustaría verlas.
Siempre estaré con vosotras, pase lo que pase,
y recordad que dos pueden más que uno.
Sois especiales y lo sabéis,
no hay ninguna como vosotras, ni
aunque seais tan iguales por
fuera. Sois únicas por dentro,
no tengáis prisas por crecer, lo que tenga
que ocurrir sucederá tarde o temprano.
Haced lo que siempre quisisteis,
y nunca os limiteis, porque
podéis hacerlo.
Como cuando os reté a pintaros como un payaso
en plena semana santa.
Lo hicisteis sin ningún tipo de vergüenza...

Os quiere.
Antoñín.

Pasado un mes y haber dejado su entierro atrás. Quisimos hacer algo para evitar que su recuerdo se perdiera con el tiempo. El día de su cumpleaños, nos pintamos la cara de payasos y salimos a la calle. Nos duró todo el día, pero lo precioso, extraordinario, fue que no fuimos las únicas. Sus amigos, nuestros padres y el resto de la familia también se la pintaron con nosotras.

Tu recuerdo sigue con nosotras...
Carpe diem.

jueves, 10 de junio de 2010

Desde siempre.

No supe exactamente como nací, que fue lo primero que vi o lo que sentí por primera vez. Miles de veces pregunté a mi madre por qué no recordaba nada de lo sucedido. Me contestó que el mundo es así, las cosas bonitas se olvidan y las horribles permanecen en el recuerdo.

Mi nombre es Saray y soy la hija de un comerciante modesto de Madrid. Gracias a su gran esfuerzo, siempre fui a los colegios más importantes. Durante mi primer año, tendría unos cuatro años, estuve algo distanciada de mis compañeros. Hasta que me hice amiga inseparable de un Aaron, un muchacho rubio y de ojos muy abiertos.

Durante los siguientes años íbamos a todos lados juntos, sin necesidad de la compañía de algún otro. Nos contábamos nuestros grandes secretos sin ningún tipo de miedo, como si fueramos de la misma familia. Para nosotros éramos como hermanos, hermanos de sangre.

Con el tiempo crecimos y nos convertimos en adolescentes. Siempre íbamos juntos a nadar, me cogía en sus hombros y jugábamos sin parar. Pero pronto eso acabó, yo iría a estudiar a Salamanca y él se quedaría en Madrid.

El día de mi marcha quedamos en la piscina donde solíamos ir desde pequeños. Me lo encontré sentado en el borde, pensativo y triste. Me senté a su lado y le saludé. Me miró y me sonrió débilmente.

-No me puedo creer que te vayas hoy-susurró mirando el agua.

Nos quedamos en silencio sin saber que decirnos, se estaba haciendo incómodo. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y me abrazó por la cintura.

-¿Nadamos por última vez?-le sugerí.

-No será la última...-me contestó mirándome a los ojos. Se levantó y se quitó la ropa, la tiró encima de una silla y se zambulló en el agua. Hice lo mismo que él y lo abracé en el agua mientras apoyaba mi cabeza en su hombro. Me abrazó por la cintura y nos movimos en círculos pequeños. Levanté la cabeza y le miré mordiéndome el labio. Acercamos nuestros labios poco a poco y nos besamos sin prisa.- Te quiero, siempre lo voy a hacer mi vida.

-Te quiero Aaron-nos volvimos a besar y pasé mis manos por su cuello.
-Solo tú-me agarró una de mis manos y nos sumergimos en el agua.

Nuestra primera vez fue como siempre lo habíamos deseado los dos. Mágica y especial por la persona que nos acompañaba. Era él, el que había sido mi amigo incondicional desde los cinco añitos.

Nos salimos de la piscina y seguimos besandonos sin parar. Con miedo de distanciarnos, de dejar que el tiempo nos separara. Entrelazó una de sus manos con la mia y me miró a los ojos.

-Me voy contigo-comentó firme.-No podré ser feliz contigo tan lejos-se apoyó sobre su codo y me miró fijamente al quedarme callada.-¿En qué estás pensando?

-En lo que dirá tu padre, quiere que te quedes aquí para hacerte cargo de la empresa-suspiré y le miré a los ojos. Se rió a cambio y me besó de nuevo.

-Lo que digan me da igual, lo importante es que seré feliz ¿no? ¡Tendrán que entenderlo!-le abracé y cerré mis ojos.

Nuestra fantástica historia de dos, nose terminó ahí. Evolucionó mucho más allá, pero creo que os he contado lo más importante de mi vida...

-¿Saray?-pregunta una voz desde mi espalda. Sonrio al reconocerla y apago el ordenador. Me acaricio la barriga y respiro hondo. Es la hora de contárselo ...

-Aaron, tengo que contarte algo...-se queda callado enfrente de mí con gesto preocupado.-Estoy embarazada-lo miro temerosa esperando su reacción. Al principio abre mucho los ojos, pero después se abalanza sobre mí y me besa sin parar. Me rio y nos echamos sobre la cama. Hicimos miles de planes mientras él apoyaba su oído sobre mi barriga esperando eschuchar algo.

sábado, 5 de junio de 2010

Un pequeño concierto:¿por qué?

Volvió después de dos años tras la última vez qe lo vi. Durante toda una semana no hablé con él, hasta que apareció en la puerta de mi casa con un ramo de flores.

-Lo último del panorama musical es la reciente relación entre Martín Fernández, el bajista de Pumps y la cantante Laura Sánchez...-sonó la radio.

No podía salir de mi asombro, me había creído sus palabras, sus mentiras. Para él yo era la única, la especial de todas, la distinta... ¿Qué significaba ahora esto? Me tumbé en la cama deseando que mi mente se callara, te lo había dicho.

Miré por la ventana y todavía seguía allí, mirándome bajo la lluvia. Corrí la cortina y puse un poco de música. Pasaron las horas, y llegó mi canción favorita. Recordé como empezó todo, por esa maldita canción y ese maldito grupo. Saqué el CD y lo rompí rabiosa. Rompí a llorar con los trozos de plástico en mis manos.

-¿Qué tal estas?-preguntó Ana mientras entraba en mi habitación. Me miró preocupada y se sentó en el suelo a mi lado.

Ni siquera le pude contestar por el miedo que tenía a que me temblara la voz y se preocupara aún más. Ya me habían amenazado con recibir ayuda profesional.

Me abrazó y me susurró palabras de consuelo. Para ella no era normal la depresión que se había apoderado de mí tras enterarme del rumor. Ni siquiera era cierto, tampoco hablé con él para que me diera explicaciones. Pero no las quería, sabía que algo de sueño tenía...

-Tienes que acabar con esto-me aconsejó.

Reaccioné gracias a esa frase y me levanté corriendo a encender el ordenador. Seguramente estaría conectado, como siempre. Esperé a que se cargara y me conecté al messenger. Estaba ausente...

Yaiza·#·Las apariencias engañan ha escrito:
-Déjame en paz, vete con la tía esa.
 Olvídame, no quiero saber nada de ti.
 Ya me has jodido bastante la vida.

Cerré sesión y me tumbé en la cama.

-Así nose arreglan las cosas-comentó enfadada.

-Ya lo sé. Así se manda todo a la mierda.

Se levantó del suelo y se fue dando un portazo. Ella había muy buenas migas con todos, y ahora veía que su amistad se esfumaba.

Eso era los entremeses, ahora faltaban los platos principales. Esperé un poco a que me dejaran de picar los ojos y me vestí. Me peiné rápidamente y cojí un paraguas. Salí y me lo encontré de frente sin apenas haber dado 4 pasos.

-Hola-susurró antes de toser.
-Toma-le ofrecí el paraguas. Lo cogió y me disponía a irme cuando me agarró del brazo. Le miré asqueada y me soltó.

-Loo sieentoo, peeroo teeníaa quee haaceerloo poor eel gruupoo-se excusó tiritando. Me reí irónicamente y le miré.

-No quiero que me lo expliques, desde el primer día lo supe-me pasé la mano por mi empapado pelo.-Tú nunca serás de una sola mujer... Será mejor que te vayas, antes de que te pongas malo.

-Peero yoo tee quiieroo-dijo mientras yo le daba la espalda.

-Tú no me quieres, sólo fui otra más. Admítelo, te he pillado-le contesté indiferente.
Se calló dándome la razón y definitivamente por última vez me fui. Nose cuanto tiempo siguió allí afuera, en silencio. Pero me daba igual ya, era totalmente libre de hacer lo que quería.

Era irreal, que alguien como él; estuviera con alguien como yo. Una mezcla imposible, que había estallado en menos de un mes.

lunes, 31 de mayo de 2010

Un pequeño concierto.


Lo conocí gracias a uno de los múltiples chat que hay por internet. Su apodo era Rockanroll69. Nunca pensé en la indirecta que había lanzado con eso.

Nos hicimos muy amigos hablando simplemente por messenger. Siempre utilizó la misma foto, en blanco y negro en la que salían todos sus amigos más allegados.

Terminé enamorandome pérdidamente de él. Era tan lindo y me trataba tan bien... Ese fin de semana venía a mi ciudad, y habíamos quedado para ir juntos al concierto de Pumps.

¿Cómo pretendía que le conociera con una foto así? No pensaba bien, o directamente no lo hacía.
Llegué temprano al concierto, Ana tenía ganas de entrar y le dije que esperara un poco a que llegara Martín. Pero tardaba demasiado, media hora, una hora y cuarto..

Decidimos entrar, yo estaba lo bastante decepcionada como para hartarme a chocolate durante una semana. La agarré de la mano y atravesamos entre el gentío de fans que gritaban y saltaban como locas. Al final, no encontramos al resto. Decidimos quedarnos por la mitad de la carpa, era imposible pasar.Hacía un calor horrible y un muchacho se había querido aprovechar de su suerte para tocarle el culo a Ana. No debería haberlo echo, se llevó un buen guantazo.

Disfruté del concierto a ratos, pero me fijé más en como las vibraciones de los altavoces se confundían con los latidos de mi corazón. Me encantaba esa sensación...

-Don´t cry for me .. -susurré al compás que el solista. -¿Cómo se llama el bajista?-le pregunté a Ana.

-Creo que es Martín, ¿no lo sabías?-preguntó asombrada.

-No me sé el nombre de todos, sólo el del que canta-contesté a gritos.-¿Se me ha quedado mirando ... o es cosa mía?-le miré y su mirada se encontró con la mía a pesar de los metros que nos separaban.

-Hablas como una fan obsesionada-comentó riéndose. Lo miró y después siguió cantando a voces.

-Será eso-susurré para mí.

Pasado un rato, se tomaron un breve descanso para después volver a seguir. Otra vez me volvía a mirar, ¿por qué me daba la impresión de que lo conocía? Le miré especulando, no podía ser el Martín que yo había conocido y con el que había quedado aquí.

-¡Esta es una canción que le quiero dedicar a una persona muy especial para mí y que sepa que la quiero mucho! Va por ti-dijo el bajista.

Empezaron a cantar mi canción favorita "Let's go", otra coincidencia. Una más y es él...
Terminó el concierto y ya nos íbamos cuando un guardia de seguridad nos dijo que nos estaban esperando. Miré a Ana incrédula y ella hizo lo mismo. Lo seguimos y flipamos aún más cuando nos llevó hasta la zona VIP. Y allí estaban ellos tres, mirándonos sonrientes como si fueramos nosotras las famosas.

-¿Sabes quién soy?-preguntó el bajista. Ana corrió enseguida a los brazos del batería y de Juanjo. Los abrazó y se puso a llorar.

-¿El bajista de Pumps?-contesté con otra pregunta. Se rió a cambio y me ofreció que me sentara.
-¿Te suena Rockanroll69?-le miré embobada. Mi intuición había tenido razón.
-Me podrías haber dicho algo-dije levemente irritada.-Te he estado esperando un buen rato en la puerta.

-¿Algo como qué?¿Qué soy parte de Pumps? Se habría montado una buena y tengo que tener cuidado-contestó serio.-No te preocupes, que te recompensaré...-contestó mientras me abrazaba.

-Si me abrazas otra vez te perdono-dije sofocada. Se rió y me miró a los ojos. La cuestión eran sus sentimientos...

-¿Sabes?Me vuelves loco-me susurró en el oído. Se acercó poco a poco a mí y me terminó besando. Ana me miró con la boca abierta, mientras el resto de Pumps se reía de su expresión ... -¿Quieres salir conmigo?-preguntó entusiasmado. No sabía que decirle, sí estaba enamorada de él pero no sabía si iba a aguantar tanto peso sobre mis hombros.-Si te ayuda, no tenemos por qué hacerlo público-comentó nervioso.

Por probar no se perdía nada y le dije que sí. Ellos eran como una familia de tres miembros, y enseguida nos acogieron a las dos. Nos dieron sus teléfonos y nos pidieron que no se lo dijéramos a nadie.

-Encantado cuñada-respondió Juanjo después de darme dos besos. Eran hermanos gracias a la música...

Nos echamos tropecientas mil fotos con ellos y Ana le pidió que le firmaran algo para su hermano. Pero para mí, nada material podría recordarme este pequeño concierto y a la vez tan grande. Mi corazón era de él y de su música.. no de su fama.

Fue mi cuento de hadas, siempre lo será. A pesar de que el príncipe se fue a Londres y no volvió hasta un par de años después. Volvió con su corona y con un ramo de flores para su princesa desterrada.

Pero, ¿esa era yo?

miércoles, 26 de mayo de 2010

Tu silencio me ayuda.

Tu silencio me ayuda en mis noches de tormenta. Sólo esto consigue calmarme cuando el mundo me ha hecho daño.

Desde pequeña, mis padres me educaron con la amistad, el respeto y la libertad. La amistad, debía ser mi todo, como el aire que respiro continuamente, pero no se trataba de que hicieran lo que quería ni por su dinero, mi amistad es ayudarla incluso con los mínimos problemas. Es adoración a una de las personas que más ha hecho por mí...

Una noche de diciembre, volvíamos a casa tras un cumpleaños. Decidimos coger el camino peligroso pero más rápido. Hacía frío y estaba empezando a nevar.

-Kate, date prisa. No me gusta este sitio, me da mal rollo-me metió prisa.

-No pasa nada, no hay nadie. Estamos seguras-le contesté segura.

-Aún así date prisa, por favor-pidió temerosa.

Aceleré el paso y me bajé el gorro para que me tapara mis congeladas orejas. En ese instante empezó a nevar, pero también, se me ocurrió mirar hacia atrás y vi a un par de siluetas siguiéndonos. Primero pensé que no querían hacernos nada, pero después, hicieron algo extraño. Se montaron en un coche y se detuvieron a nuestro lado.

-Mimi, corre-susurré muy bajito. Miró a su lado y afirmó imperceptiblemente. Eché a correr antes que ella, y la perdí de vista durante unos segundos. Miré hacia atrás y la vi, entre las manos de esos dementes.

Sentí ira e impotencia, pero no podía dejarla allí. En manos de esos... a saber lo que harían. Apreté los puños y volví. Me acerqué a uno de ellos y le pegué una patada en la espalda por detrás. La soltó al momento. El otro se bajó del coche y se acercó a mí dispuesto a rajarme con su navaja.

-¡Corre, y pide ayuda!-le grité al verla paralizada.

Busqué algo con lo que defenderme, pero sólo encontré una piedra demasiado pequeña. Abrí mi bolso y saqué el botellín de cerveza que llevaba. Mientras tanto Mimi ya iba por la esquina buscando ayuda.
El que estaba en el suelo se recompuso y se levantó. Se me acercaron los dos y les miré nerviosa. Eran dos contra una cría de dieciséis años. Iba a perder...

Grité con todas mis fuerzas mientras le rompía el botellín en la cabeza al de la navaja. Se desmayó en el suelo durante el rato suficiente para que Mimi volviera sola y me ayudara a plantarle cara al de la navaja. Nos costó esquivar sus movimientos de navajas pero los arañazos no nos lo quitó nadie.

-¡¿Qué pasa ahí?!-preguntó un guardia civil.

-¡AYUDA!¡AYUDA!-gritamos a la vez.

El guardia civil corrió hacia nosotros y le indicó a su compañero que viniera también. Analizó la zona y sacó su arma reglamentaria. Apuntó al de la navaja y nos ordenó que corrieramos hasta ponernos a salvo. Nos pusimos detrás del coche patrulla y nos evaluamos físicamente...

Estábamos vivas. No habíamos sido capaz de dejar a la otra, era la mayor prueba de amistad que me ha surgido. Y con la que aún confié mucho más.

Mi gran amiga de la infancia, la que me dejaba sus colores cuando los míos ya se habían gastado me había salvado la vida. Pero no sólo en esta ocasión, evitó que me odiara a mi misma por lo que era, por lo que decía la gente y por lo que nadie llegó a entender excepto ella.

Ella siempre será una de las primeras, muchos momentos tienen su marca y su identidad. No se me podrán olvidar nunca, ni aunque tenga millones de amigos.

Siempre pude contar contigo, al igual que tú conmigo. Espero que nunca lo olvides, porque pase lo que pase siempre estaré ahí. Aunque me llegues a odiar algún día...


martes, 25 de mayo de 2010

¿Verdad May?

Me han mentido tantas veces
que ya no diferencio la verdad entre palabras que se van y vienen
son las sonrisas escondidas en aquella caja de cristal
aquellas que resumían los días consumidos en tus labios
y su ausencia de los latidos que provocan la muerte dulce
los sueños hoy van mucho mas allá del arco iris
y no te encuentran
reclaman en silencio tu nombre
y gritan sálvame
y es que quizás puede que todo tenga un principio y un final
puede que al final no sirva de nada luchar
puede que un día despertemos y al abrir los ojos el dolor no exista,
la vida cambia y con ella todo
mantenerse como siempre es lo difícil
porque puedes tener todo y no tener nada
aprende a diferenciar lo realmente importante
a lo largo de la vida las victorias y las caídas van y vienen
sólo quien te quiere de verdad permanecera a tu lado siempre
date cuenta..

No dejaba de sonar en su cabeza esta canción. La última vez que la escuchó, anticipaba lo que iba a ocurrir. Todo su mundo se derrumbo con la marcha de su padre, se iba a la guerra.

Lloró en su cama. Algún día podría morir, allí era muy fácil. Si no era por un ataque rival, era por alguna herida grave. Cada día, llegaba una carta como última promesa de su marcha.

-Te escribiré una carta todos los días, y así sabrás que estoy bien-prometió.

Esa noche, se había ido de fiesta con sus amigos. Pero quizás nunca debió hacerlo...
Sobre las dos de la mañana, su madre la llamó preocupada, era muy tarde y quería tenerla en casa. Sabía qué era, porque se sentía muy sola sin su marido con ella.

-Tengo que irme ya-gritó en el oído de su amigo.
-Vale, te acompaño.

Salieron de la discoteca y caminaron hacia la calle de Cristina. Iban a cruzar por un paso de peatones, cuando un coche se saltó el semáforo y la arrolló. Chocó contra el capó y salió disparada contra el asfalto.

Jorge la miraba incrédulo. Echó a correr hacia donde había caído y llamó a una ambulancia nervioso.
-¡Necesito una ambulancia!¡Han atropellado a mi amiga!-contestó rápidamente.-¡En la calle García Lorca!

La joven y alocada Cristina seguía consciente hasta que se empezó a escuchar la ambulancia. El asfalto estaba teñido de rojo, y ella se rendía. Por su mente pasaron, todos los buenos momentos que había vivido con su familia, jugando con sus padres cuando tenía 8 años, la llegada del hermanito pequeño, las vacaciones en Valencia y también, el miedo que sentía cuando su padre se marchaba a su próximo destino.

 -Papá, sálvame ... -susurró por última vez.

Esa misma noche, Cristina falleció mientras en el otro lado del mundo, su padre le escribía una carta esperanzadora. En una semana volvería a casa... Pero su niña ya no estaría.

domingo, 23 de mayo de 2010

Sueños en un cajón.

Quería estar preciosa, sentirse respetada por una vez y no tener que esconderse de lo que es. Diferente a los demás, y por eso la desprecian...

No piensa igual, es una mente libre. Los demás se limitan a hacer lo que dice una persona:May. Ella es la que dirige todo y a todos excepto a nuestra protagonista, Penelope.

Ella sueña con una vida mejor, pero también tiene los pies en la tierra. Si quiere algo, sabe que algo le cuesta. Siempre se ha esforzado por ser una compañera ejemplar, también algo pasota, no le iban esas compañías. Como diría cualquier padre, eran malas influencias. Y tenían razón ...

Por extrañas razones, la mejor amiga de Penelope, Kaitlin, la dejó de hablar y se marchaba con los malotes de su clase. Era raro, pero Penelope no sabía donde se había metido su amiga...

Le preguntó a su hermano como podía entrar en el clan. Él era uno de los jefes de aquello. Le explicó que no era tan sencillo, tenía que ser elegida para entrar y luego pasar una prueba.

Tenían que salir de madrugada, y cazar un oso con un arco en mitad de la noche en el bosque. Si no lo conseguían, aparte de no entrar, tendrían que volver a casa andando y el trayecto era bien largo.

Por lo visto Kaitlin lo había conseguido. Y quien se disponía a entrar en el club era ahora Max. Su otro mejor amigo ... Todos le iban a dar de lado.

La noche en que se realizó la prueba. Penelope se escapó de casa y se fue con su hermano al bosque. Sólo que él no tenía ni idea. Estaba prohibido llevar a personas externas del club.

Lo siguió hasta una vieja casa de madera y vio como sacaban de allí a un oso de pega.
No me puedo creer que me dejen de hablar por esta estupidez, pensó Penelope, es un club de mala compañía.
Vio que su hermano se alejaba por un sendero con el "oso". Lo siguió a escondidas y observó como notaba su presencia de vez en cuando.

La cacería estaba a punto de empezar y los aspirantes ya andaban por el bosque buscando a un oso. Penelope no sabía qué hacer ni a dónde ir. Si se enteraban que había venido, la discriminarían aún más.

Volvió por donde había venido y probó a hacer auto-stop. Pero nadie paraba. De repente, un coche pasó. Penelope movió los brazos y un aspirante pasó cerca de allí. La confundió con un oso y le disparó una flecha.

Había sido Max... 
Penelope se dio la vuelta asombrada y miró a Max incrédula. Él tampoco se lo podía creer, su mejor amiga iba a perder la vida por esto. Se agachó a su lado y empezó a llorar. Permaneció allí hasta que el alma de Penelope emergía de su cuerpo. Al amanecer, Alan, el hermano de Penelope, lo encontró allí junto al cuerpo de su hermana...