viernes, 11 de junio de 2010

Carpe diem.

Sonó el teléfono y mis padres se asustaron. ¡Qué raro que llamaran a las cinco de la mañana! Tras que se les pasara el susto, enseguida supieron a qué se debía. Y es que mi tío Antonio, el hermano menor de mi madre, tenía cáncer de páncreas.

Carmen, mi hermana gemela, se despertó al mismo tiempo que yo. Salté de mi cama y me vestí rápidamente. Me miró y encendió la luz. Se puso a llorar en silencio mientras yo me peinaba. No podía ser verdad que Antoñín hubiera muerto. La consolé hasta que calló un poco a su llanto.

-¿A dónde vas?-preguntó con voz rota.

-¿Donde crees?-le contesté insegura. No había otro lugar al que quisiera ir, tenía que verlo, estar segura de que esto era una pesadilla, que seguía respirando.

-Carla, espera que te acompaño-sugirió cuando me disponía a salir de la habitación. Se vistió lo más rápido que pudimos y nos escapamos de casa en mitad del llanto de Fernando y Alicia,nuestros dos hermanos pequeños.

Corrimos hasta el hospital con la compañía de una fina lluvia. No teníamos tiempo que perder, necesitábamos saberlo ya, no podíamos esperar.

Entramos en el hospital y miles de recuerdos nos invadieron como una lluvia ácida. Habíamos venido a visitarlo todas las tardes con la promesa de que se pondría bien. Nos miramos y observamos a todos los que estaban en la sala principal. Corrimos para coger el ascensor, no había ninguno libre. Subimos las escaleras en medio minuto. En la cuarta planta estaba su habitación, buscamos a la enfermera de guardia que estaría seguramente dormida en la mesa que había en el pasillo. Estaba hojeando una revista, levantó la vista y nos miró.

-Hola chicas, ¿a qué venís a estas horas?-preguntó Marta. Se levantó y nos miró neutralmente.

-Venimos a verle-respondió Carmen tiritando. No nos habíamos dado cuenta del frío que teníamos con la prisa que llevábamos.

-No podéis, no...todavía-contestó mostrando un pequeño signo de tristeza.

-Por favor-le suplicamos las dos a la vez.-Necesitamos despedirnos de él las primeras ...

-Está bien, pero en diez minutos os quiero fuera-nos sugirió.

Fuimos hasta la habitación con ella y le dimos las gracias. Los monitores estaban apagados y él tumbado en la cama con los ojos y la boca cerrados. Rompimos a llorar y nos sentamos a su lado en la cama. Apenas tenía treinta años...

Le toqué la mano y lo miré observando cada detalle de su cara. No quería olvidarlo con el tiempo, como hice con los abuelos. Recordé cuando empezó con la quimioterapia, se le veía tan fuerte y alegre.

-Carlita, tienes que hacerme un favor a partir de hoy...-dijo sentado a mi lado. Me quedé callada esperando a que siguiera hablando y me abrazó.-Vive el momento, nunca tengas miedo de hacer algo, porque tú puedes conseguirlo. ¿Está claro?Yo me estoy arrepintiendo de no haber hecho muchas cosas-dijo con un suspiro.

-Vale, pero a cambio quiero que superes el cáncer. Tengo que volver a irme contigo a una discoteca-le sonreí débilmente.

Miré a Carmen, lo estaba mirando de la misma manera que yo. Queriendo que el tiempo no borrase lo que tenía guardado de él.

Fue él quien me enseñó que la vida no es algo serio, es un juego. En el que algunos pierden y otros ganan, es una apuesta que todos hacemos obligados. Tarde o temprano nosotras también moriremos.

El asunto es, que tenemos tan cerca a la muerte y tan presente en nuestras vidas que nos habituamos a ella y dejamos de pensar en ello. Hasta que no viene a visitarnos no escarmentamos.

Pasaron los diez minutos y la enfermera no nos avisó. Llegaron dos enfermeros y se lo llevaron mientras los mirábamos llorando sin parar. Abrí la mesilla y encontré una carta para Carmen y para mí ..

Mis queridas sobrinas,
si leeis esto es que ya la he palmado.
Voy a saber lo que hay detrás de la muerte,
¡way!Pero lo que más me duele
es que os dejaré aquí.
Pero esto es lo que debe ocurrir,
vosotras tenéis muchas cosas por vivir
aunque me gustaría verlas.
Siempre estaré con vosotras, pase lo que pase,
y recordad que dos pueden más que uno.
Sois especiales y lo sabéis,
no hay ninguna como vosotras, ni
aunque seais tan iguales por
fuera. Sois únicas por dentro,
no tengáis prisas por crecer, lo que tenga
que ocurrir sucederá tarde o temprano.
Haced lo que siempre quisisteis,
y nunca os limiteis, porque
podéis hacerlo.
Como cuando os reté a pintaros como un payaso
en plena semana santa.
Lo hicisteis sin ningún tipo de vergüenza...

Os quiere.
Antoñín.

Pasado un mes y haber dejado su entierro atrás. Quisimos hacer algo para evitar que su recuerdo se perdiera con el tiempo. El día de su cumpleaños, nos pintamos la cara de payasos y salimos a la calle. Nos duró todo el día, pero lo precioso, extraordinario, fue que no fuimos las únicas. Sus amigos, nuestros padres y el resto de la familia también se la pintaron con nosotras.

Tu recuerdo sigue con nosotras...
Carpe diem.

jueves, 10 de junio de 2010

Desde siempre.

No supe exactamente como nací, que fue lo primero que vi o lo que sentí por primera vez. Miles de veces pregunté a mi madre por qué no recordaba nada de lo sucedido. Me contestó que el mundo es así, las cosas bonitas se olvidan y las horribles permanecen en el recuerdo.

Mi nombre es Saray y soy la hija de un comerciante modesto de Madrid. Gracias a su gran esfuerzo, siempre fui a los colegios más importantes. Durante mi primer año, tendría unos cuatro años, estuve algo distanciada de mis compañeros. Hasta que me hice amiga inseparable de un Aaron, un muchacho rubio y de ojos muy abiertos.

Durante los siguientes años íbamos a todos lados juntos, sin necesidad de la compañía de algún otro. Nos contábamos nuestros grandes secretos sin ningún tipo de miedo, como si fueramos de la misma familia. Para nosotros éramos como hermanos, hermanos de sangre.

Con el tiempo crecimos y nos convertimos en adolescentes. Siempre íbamos juntos a nadar, me cogía en sus hombros y jugábamos sin parar. Pero pronto eso acabó, yo iría a estudiar a Salamanca y él se quedaría en Madrid.

El día de mi marcha quedamos en la piscina donde solíamos ir desde pequeños. Me lo encontré sentado en el borde, pensativo y triste. Me senté a su lado y le saludé. Me miró y me sonrió débilmente.

-No me puedo creer que te vayas hoy-susurró mirando el agua.

Nos quedamos en silencio sin saber que decirnos, se estaba haciendo incómodo. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y me abrazó por la cintura.

-¿Nadamos por última vez?-le sugerí.

-No será la última...-me contestó mirándome a los ojos. Se levantó y se quitó la ropa, la tiró encima de una silla y se zambulló en el agua. Hice lo mismo que él y lo abracé en el agua mientras apoyaba mi cabeza en su hombro. Me abrazó por la cintura y nos movimos en círculos pequeños. Levanté la cabeza y le miré mordiéndome el labio. Acercamos nuestros labios poco a poco y nos besamos sin prisa.- Te quiero, siempre lo voy a hacer mi vida.

-Te quiero Aaron-nos volvimos a besar y pasé mis manos por su cuello.
-Solo tú-me agarró una de mis manos y nos sumergimos en el agua.

Nuestra primera vez fue como siempre lo habíamos deseado los dos. Mágica y especial por la persona que nos acompañaba. Era él, el que había sido mi amigo incondicional desde los cinco añitos.

Nos salimos de la piscina y seguimos besandonos sin parar. Con miedo de distanciarnos, de dejar que el tiempo nos separara. Entrelazó una de sus manos con la mia y me miró a los ojos.

-Me voy contigo-comentó firme.-No podré ser feliz contigo tan lejos-se apoyó sobre su codo y me miró fijamente al quedarme callada.-¿En qué estás pensando?

-En lo que dirá tu padre, quiere que te quedes aquí para hacerte cargo de la empresa-suspiré y le miré a los ojos. Se rió a cambio y me besó de nuevo.

-Lo que digan me da igual, lo importante es que seré feliz ¿no? ¡Tendrán que entenderlo!-le abracé y cerré mis ojos.

Nuestra fantástica historia de dos, nose terminó ahí. Evolucionó mucho más allá, pero creo que os he contado lo más importante de mi vida...

-¿Saray?-pregunta una voz desde mi espalda. Sonrio al reconocerla y apago el ordenador. Me acaricio la barriga y respiro hondo. Es la hora de contárselo ...

-Aaron, tengo que contarte algo...-se queda callado enfrente de mí con gesto preocupado.-Estoy embarazada-lo miro temerosa esperando su reacción. Al principio abre mucho los ojos, pero después se abalanza sobre mí y me besa sin parar. Me rio y nos echamos sobre la cama. Hicimos miles de planes mientras él apoyaba su oído sobre mi barriga esperando eschuchar algo.

sábado, 5 de junio de 2010

Un pequeño concierto:¿por qué?

Volvió después de dos años tras la última vez qe lo vi. Durante toda una semana no hablé con él, hasta que apareció en la puerta de mi casa con un ramo de flores.

-Lo último del panorama musical es la reciente relación entre Martín Fernández, el bajista de Pumps y la cantante Laura Sánchez...-sonó la radio.

No podía salir de mi asombro, me había creído sus palabras, sus mentiras. Para él yo era la única, la especial de todas, la distinta... ¿Qué significaba ahora esto? Me tumbé en la cama deseando que mi mente se callara, te lo había dicho.

Miré por la ventana y todavía seguía allí, mirándome bajo la lluvia. Corrí la cortina y puse un poco de música. Pasaron las horas, y llegó mi canción favorita. Recordé como empezó todo, por esa maldita canción y ese maldito grupo. Saqué el CD y lo rompí rabiosa. Rompí a llorar con los trozos de plástico en mis manos.

-¿Qué tal estas?-preguntó Ana mientras entraba en mi habitación. Me miró preocupada y se sentó en el suelo a mi lado.

Ni siquera le pude contestar por el miedo que tenía a que me temblara la voz y se preocupara aún más. Ya me habían amenazado con recibir ayuda profesional.

Me abrazó y me susurró palabras de consuelo. Para ella no era normal la depresión que se había apoderado de mí tras enterarme del rumor. Ni siquiera era cierto, tampoco hablé con él para que me diera explicaciones. Pero no las quería, sabía que algo de sueño tenía...

-Tienes que acabar con esto-me aconsejó.

Reaccioné gracias a esa frase y me levanté corriendo a encender el ordenador. Seguramente estaría conectado, como siempre. Esperé a que se cargara y me conecté al messenger. Estaba ausente...

Yaiza·#·Las apariencias engañan ha escrito:
-Déjame en paz, vete con la tía esa.
 Olvídame, no quiero saber nada de ti.
 Ya me has jodido bastante la vida.

Cerré sesión y me tumbé en la cama.

-Así nose arreglan las cosas-comentó enfadada.

-Ya lo sé. Así se manda todo a la mierda.

Se levantó del suelo y se fue dando un portazo. Ella había muy buenas migas con todos, y ahora veía que su amistad se esfumaba.

Eso era los entremeses, ahora faltaban los platos principales. Esperé un poco a que me dejaran de picar los ojos y me vestí. Me peiné rápidamente y cojí un paraguas. Salí y me lo encontré de frente sin apenas haber dado 4 pasos.

-Hola-susurró antes de toser.
-Toma-le ofrecí el paraguas. Lo cogió y me disponía a irme cuando me agarró del brazo. Le miré asqueada y me soltó.

-Loo sieentoo, peeroo teeníaa quee haaceerloo poor eel gruupoo-se excusó tiritando. Me reí irónicamente y le miré.

-No quiero que me lo expliques, desde el primer día lo supe-me pasé la mano por mi empapado pelo.-Tú nunca serás de una sola mujer... Será mejor que te vayas, antes de que te pongas malo.

-Peero yoo tee quiieroo-dijo mientras yo le daba la espalda.

-Tú no me quieres, sólo fui otra más. Admítelo, te he pillado-le contesté indiferente.
Se calló dándome la razón y definitivamente por última vez me fui. Nose cuanto tiempo siguió allí afuera, en silencio. Pero me daba igual ya, era totalmente libre de hacer lo que quería.

Era irreal, que alguien como él; estuviera con alguien como yo. Una mezcla imposible, que había estallado en menos de un mes.