Había pasado un año ya y aunque siguiera acordándose de él, sabía que debía continuar. Aceptó la propuesta del otro, saldría con él sólo para olvidar al que había sido el único,su amor platónico, Andrew.
Su primera noche fue la más especial, todo estaba contenido, incluso el silencio. Ese que aparecía cuando sus bocas se juntaban, cuando bastaba una mirada y la felicidad te provocaba un escalofrío que te recorría la columna vertebral. Sus cuerpos pasaron a ser uno, y el silencio dejó paso a un festival de sonidos que sólo los amantes pueden descifrar, el lenguaje de la pasión, el del amor...
Esos momentos durarían hasta incluso hasta llegar al compromiso, pero no hubo más. Se acabó, se puso punto y final, a pesar de que fuera ella quien lo realizara, jamás lo vio como un punto y final, sino un punto y aparte que continuaría la historia más adelante. Hubo dos separaciones, su relación y su contacto; jamás volvió a saber algo de él, no tenía como comunicarse con él, no tenía como decirle que le quería, que no le olvidaría por más que él asegurara que lo iba a hacer y que le iba a esperar, que le daba igual malgastar su vida de esa manera, que lo haría únicamente por él.
Las últimas palabras que le dejó, prometían un futuro de consuelo; pero ese jamás llegó. El silencio volvió, ese silencio frío de invierno que se te metía en los huesos y te hacía temblar aún estando en plena primavera. Los recuerdos la atormentaban cada día, cada noche, cada madrugada hasta que el sueño se decidía a llevársela a su campo de tranquilidad, y aún así, no había ni un sólo momento en el que Andrew saliera de su mente.
Todo el mundo se preocupa por ella, todos le regalaban palabras que se suponían que eran alegres. Olvídale, no merece que estés así por él, se te pasará... Nada valía, nada era para ella una verdad, de hecho nada lo fue.
El final... bueno, después de esperarle llena de desesperación, llegó a la decisión de marcharse a algún lugar en el que no fuera más que otra de esas personas que pasan desapercibidas, perdió el contacto con todos a excepción de los más allegados, con los que hablaba una vez al mes. Ya no le esperaba, de hecho, ya no esperaba a nadie más, jamás se vio amando a alguien y no lo hizo nunca más.
sábado, 9 de abril de 2011
Dreams out.
Soñé que le veía, soñé que estaba con él, soñé que me hablaba y fui feliz. Al principio todo es nuevo a excepción de quienes me acompañan, y a pesar de no saber quienes son, me hacen confiar y estar tranquila.
Luego empieza las ganas de explorar, de curiosear; y entonces le veo allí, sentado sobre una mesa de madera con las piernas cruzadas, hablando con su amigo, que también lo era mío. Los miro desde una distancia prudente, asustada pero a la vez curiosa, deseosa de ir y lanzarme a sus brazos, pero no lo hice.
Giro entorno a ellos escondiéndome, con miedo de que me vean y se vayan. Pero por más que se me ve, porque estoy segura de ello, no me miran, ni me dirigen una mirada. Es cuando me voy, huyo de allí, me meto en un bosque espeso. Avanzo despacio, acariciando las hojas de los arbustos para acabar en el mismo punto.
Me decido a acercarme, con miedo y esta vez si me ve. Agacha la mirada, y cuando la levanta me sonríe. Estoy a punto de desmayarme, de desear que llegara mi hora... pero no fue así. Terminamos enfrente uno del otro, mirándonos; sin saber qué decir o hacer.
Algo cambia, y de repente cambiamos de ambiente. Ahora estamos en una casa, en nuestra casa. Él rebusca en el armario, nose qué estaba buscando y entonces me decido. La valentía se decide a aparecer y le digo: Te quiero; sin ningún miedo.
Luego empieza las ganas de explorar, de curiosear; y entonces le veo allí, sentado sobre una mesa de madera con las piernas cruzadas, hablando con su amigo, que también lo era mío. Los miro desde una distancia prudente, asustada pero a la vez curiosa, deseosa de ir y lanzarme a sus brazos, pero no lo hice.
Giro entorno a ellos escondiéndome, con miedo de que me vean y se vayan. Pero por más que se me ve, porque estoy segura de ello, no me miran, ni me dirigen una mirada. Es cuando me voy, huyo de allí, me meto en un bosque espeso. Avanzo despacio, acariciando las hojas de los arbustos para acabar en el mismo punto.
Me decido a acercarme, con miedo y esta vez si me ve. Agacha la mirada, y cuando la levanta me sonríe. Estoy a punto de desmayarme, de desear que llegara mi hora... pero no fue así. Terminamos enfrente uno del otro, mirándonos; sin saber qué decir o hacer.
Algo cambia, y de repente cambiamos de ambiente. Ahora estamos en una casa, en nuestra casa. Él rebusca en el armario, nose qué estaba buscando y entonces me decido. La valentía se decide a aparecer y le digo: Te quiero; sin ningún miedo.
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