Había pasado un año ya y aunque siguiera acordándose de él, sabía que debía continuar. Aceptó la propuesta del otro, saldría con él sólo para olvidar al que había sido el único,su amor platónico, Andrew.
Su primera noche fue la más especial, todo estaba contenido, incluso el silencio. Ese que aparecía cuando sus bocas se juntaban, cuando bastaba una mirada y la felicidad te provocaba un escalofrío que te recorría la columna vertebral. Sus cuerpos pasaron a ser uno, y el silencio dejó paso a un festival de sonidos que sólo los amantes pueden descifrar, el lenguaje de la pasión, el del amor...
Esos momentos durarían hasta incluso hasta llegar al compromiso, pero no hubo más. Se acabó, se puso punto y final, a pesar de que fuera ella quien lo realizara, jamás lo vio como un punto y final, sino un punto y aparte que continuaría la historia más adelante. Hubo dos separaciones, su relación y su contacto; jamás volvió a saber algo de él, no tenía como comunicarse con él, no tenía como decirle que le quería, que no le olvidaría por más que él asegurara que lo iba a hacer y que le iba a esperar, que le daba igual malgastar su vida de esa manera, que lo haría únicamente por él.
Las últimas palabras que le dejó, prometían un futuro de consuelo; pero ese jamás llegó. El silencio volvió, ese silencio frío de invierno que se te metía en los huesos y te hacía temblar aún estando en plena primavera. Los recuerdos la atormentaban cada día, cada noche, cada madrugada hasta que el sueño se decidía a llevársela a su campo de tranquilidad, y aún así, no había ni un sólo momento en el que Andrew saliera de su mente.
Todo el mundo se preocupa por ella, todos le regalaban palabras que se suponían que eran alegres. Olvídale, no merece que estés así por él, se te pasará... Nada valía, nada era para ella una verdad, de hecho nada lo fue.
El final... bueno, después de esperarle llena de desesperación, llegó a la decisión de marcharse a algún lugar en el que no fuera más que otra de esas personas que pasan desapercibidas, perdió el contacto con todos a excepción de los más allegados, con los que hablaba una vez al mes. Ya no le esperaba, de hecho, ya no esperaba a nadie más, jamás se vio amando a alguien y no lo hizo nunca más.
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