jueves, 10 de junio de 2010

Desde siempre.

No supe exactamente como nací, que fue lo primero que vi o lo que sentí por primera vez. Miles de veces pregunté a mi madre por qué no recordaba nada de lo sucedido. Me contestó que el mundo es así, las cosas bonitas se olvidan y las horribles permanecen en el recuerdo.

Mi nombre es Saray y soy la hija de un comerciante modesto de Madrid. Gracias a su gran esfuerzo, siempre fui a los colegios más importantes. Durante mi primer año, tendría unos cuatro años, estuve algo distanciada de mis compañeros. Hasta que me hice amiga inseparable de un Aaron, un muchacho rubio y de ojos muy abiertos.

Durante los siguientes años íbamos a todos lados juntos, sin necesidad de la compañía de algún otro. Nos contábamos nuestros grandes secretos sin ningún tipo de miedo, como si fueramos de la misma familia. Para nosotros éramos como hermanos, hermanos de sangre.

Con el tiempo crecimos y nos convertimos en adolescentes. Siempre íbamos juntos a nadar, me cogía en sus hombros y jugábamos sin parar. Pero pronto eso acabó, yo iría a estudiar a Salamanca y él se quedaría en Madrid.

El día de mi marcha quedamos en la piscina donde solíamos ir desde pequeños. Me lo encontré sentado en el borde, pensativo y triste. Me senté a su lado y le saludé. Me miró y me sonrió débilmente.

-No me puedo creer que te vayas hoy-susurró mirando el agua.

Nos quedamos en silencio sin saber que decirnos, se estaba haciendo incómodo. Apoyé mi cabeza sobre su hombro y me abrazó por la cintura.

-¿Nadamos por última vez?-le sugerí.

-No será la última...-me contestó mirándome a los ojos. Se levantó y se quitó la ropa, la tiró encima de una silla y se zambulló en el agua. Hice lo mismo que él y lo abracé en el agua mientras apoyaba mi cabeza en su hombro. Me abrazó por la cintura y nos movimos en círculos pequeños. Levanté la cabeza y le miré mordiéndome el labio. Acercamos nuestros labios poco a poco y nos besamos sin prisa.- Te quiero, siempre lo voy a hacer mi vida.

-Te quiero Aaron-nos volvimos a besar y pasé mis manos por su cuello.
-Solo tú-me agarró una de mis manos y nos sumergimos en el agua.

Nuestra primera vez fue como siempre lo habíamos deseado los dos. Mágica y especial por la persona que nos acompañaba. Era él, el que había sido mi amigo incondicional desde los cinco añitos.

Nos salimos de la piscina y seguimos besandonos sin parar. Con miedo de distanciarnos, de dejar que el tiempo nos separara. Entrelazó una de sus manos con la mia y me miró a los ojos.

-Me voy contigo-comentó firme.-No podré ser feliz contigo tan lejos-se apoyó sobre su codo y me miró fijamente al quedarme callada.-¿En qué estás pensando?

-En lo que dirá tu padre, quiere que te quedes aquí para hacerte cargo de la empresa-suspiré y le miré a los ojos. Se rió a cambio y me besó de nuevo.

-Lo que digan me da igual, lo importante es que seré feliz ¿no? ¡Tendrán que entenderlo!-le abracé y cerré mis ojos.

Nuestra fantástica historia de dos, nose terminó ahí. Evolucionó mucho más allá, pero creo que os he contado lo más importante de mi vida...

-¿Saray?-pregunta una voz desde mi espalda. Sonrio al reconocerla y apago el ordenador. Me acaricio la barriga y respiro hondo. Es la hora de contárselo ...

-Aaron, tengo que contarte algo...-se queda callado enfrente de mí con gesto preocupado.-Estoy embarazada-lo miro temerosa esperando su reacción. Al principio abre mucho los ojos, pero después se abalanza sobre mí y me besa sin parar. Me rio y nos echamos sobre la cama. Hicimos miles de planes mientras él apoyaba su oído sobre mi barriga esperando eschuchar algo.

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